La voz registra lo que el relato todavía no ordena.
Descompone cada sesión en marcadores acústicos medibles y devuelve al clínico una ficha con la cita de audio exacta que sostiene cada observación.

Curva de entonación, rango tonal y energía: cómo se modula el afecto cuando el contenido de la sesión se vuelve delicado.
Duración de turnos, latencia de respuesta y silencios internos, normalizados por hablante y por ruido ambiental.
Microtemblor, quiebres y cambios de velocidad que aparecen al aproximarse a un tema y desaparecen al alejarse de él.
Cada etapa deja rastro: qué dato entró, qué se descartó y por qué. El clínico puede detenerse en cualquiera de ellas antes de leer la conclusión.
La sesión se registra con consentimiento explícito, en un canal de audio independiente del vídeo.
Se separan los turnos de terapeuta y paciente y se marca el inicio y el fin de cada intervención.
Se calculan los 847 marcadores acústicos en tramas de 0,1 s, con control de calidad por fragmento.
Cada marcador se ajusta al perfil basal del propio paciente, no a una media poblacional.
El resultado se compara con las sesiones previas y se entrega como ficha revisable, nunca como conclusión.
Cada hallazgo enlaza al segundo de audio que lo origina, para que el clínico pueda escucharlo y descartarlo.
Evolución del afecto vocal dentro de la sesión y a lo largo del tratamiento.
Disociación sostenida entre contenido verbal y prosodia, marcada para revisión en la siguiente sesión.