El estado emocional también tiene geografía.
Reconstruye la topografía afectiva del paciente a lo largo del tiempo: dónde están los valles, cuánto duran y con qué acontecimiento se corresponden.

Posición afectiva registrada entre sesiones, separada en dos ejes para no confundir tristeza con apatía ni ansiedad con entusiasmo.
Periodicidad de los descensos, duración de cada valle y distancia entre uno y el siguiente.
Latencia de retorno a la línea basal del propio paciente tras un descenso, medida sesión a sesión.
Cada etapa deja rastro: qué dato entró, qué se descartó y por qué. El clínico puede detenerse en cualquiera de ellas antes de leer la conclusión.
Tres micro-registros semanales de menos de un minuto, acordados con el paciente en consulta.
Se descartan registros incompletos o duplicados y se marca la adherencia real de cada semana.
Los puntos se interpolan para dibujar el relieve afectivo sin inventar datos donde no los hay.
Se identifican descensos y ascensos significativos respecto a la línea basal individual.
Cada valle se pone junto a los acontecimientos del expediente: cambios de medicación, pérdidas, avances.
Una vista única del relieve afectivo del trimestre, con los puntos reales siempre visibles bajo la superficie.
Amplitud y frecuencia de los cambios, para distinguir inestabilidad de un estado bajo persistente.
Una versión en lenguaje claro para revisar la trayectoria junto al paciente en consulta.